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lunes, 2 de noviembre de 2026

El de arriba lo sabe y su madre también

 Con guasa, pero en serio 

20/10/2026 Juaky Bellido

TelePuerto TV 

El Señor del Puerto ya tiene inaugurada su casa de hermandad. Una buena noticia para la hermandad, sus hermanas y hermanos y para una ciudad que necesita asociaciones, clubes y entidades capaces de sacar adelante proyectos colectivos.

Facebook: Hermandad Nazareno El 

El Puerto Santa María 


Pero una cosa es celebrar lo conseguido y otra decidir quién merece ocupar el centro de la fotografía. A mí, sinceramente, en esa inauguración, me sobró el alcalde y la medalla concedida. Y si me apuran, hasta me sobró el confesor de mi "hermano" el alcalde. No porque no tengan su lugar, sino porque creo que el protagonismo debía haber recaído en Francisco Fuentes, anterior hermano mayor.

Y no lo digo para hacerle la pelota a nadie. Lo digo porque reconocer el trabajo de las personas debería ser bastante más sencillo que repartir honores entre quienes ostentan un cargo público.

Durante la etapa de Francisco Fuentes se impulsaron proyectos importantes para la hermandad. Ahí está la restauración del Nazareno, con la intervención de Miñarro, un destacado trabajo artístico y patrimonial. También el paso de misterio, cuyo proyecto comenzó a desarrollarse durante su mandato. A ello se suman el 450 aniversario, los actos conmemorativos y una casa de hermandad que hoy es una realidad.

Detrás de todo eso hay gestión, decisiones y muchas horas de trabajo que no suelen aparecer en las fotografías. Porque una hermandad no es solamente lo que vemos en la calle durante la Semana Santa. También es actividad cotidiana, convivencia y labor social. Y aquí conviene hacer una precisión: personalmente, defiendo una solidaridad horizontal, basada en la igualdad y los derechos, frente a una concepción de la caridad que puede establecer una relación desigual entre quien da y quien recibe. Pero esa diferencia ideológica no me impide respetar a quienes, desde sus convicciones religiosas, trabajan sinceramente por los demás. Se puede discrepar de una manera de entender la solidaridad y reconocer, al mismo tiempo, el compromiso de quienes la practican de buena fe. ¡Ome por favó!

Las ciudades también se construyen gracias a quienes entrenan a chavales, mantienen asociaciones vecinales, sostienen clubes deportivos o dedican años a sus hermandades. Personas que trabajan sin esperar medallas, homenajes ni cámaras delante. Francisco Fuentes, me consta, ni lo hizo ni lo hace por esos motivos, lo hace por sus titulares, su hermandad y sus creencias religiosas.

Facebook: Hermandad El Nazareno de El Puerto


Sin embargo, algunos parecen descubrir el valor del compromiso colectivo con especial intensidad cuando hay una inauguración. A veces, hacerse la fotografía con una obra terminada resulta bastante más cómodo que acompañar todo el proceso.

Francisco Fuentes lleva dos legislaturas fuera del cargo de hermano mayor. Precisamente por eso, creo que corresponde reconocer su etapa y los proyectos que se impulsaron durante aquellos años. Sin restar mérito a quienes trabajan actualmente por la hermandad, pero sin borrar tampoco la aportación de quienes estuvieron antes.

También conviene que los reconocimientos institucionales sean claros. Cuando se distingue a un representante público, es legítimo preguntarse qué se está agradeciendo exactamente. Con más énfasis, si la casa de hermandad tiene su hipoteca y sus compromisos financieros, como parte de su propia realidad económica, no por nada pero se evitan interpretaciones equivocadas sobre quién ha financiado la obra y quién ha trabajado para hacerla posible. Más si cabe, cuando alguno termina de cargo de confianza y dedica las "levanta" no al alcalde sino al amigo". Más si cabe, si se hace constantemente ese tipo de "guiños" y muchos terminan de apoderados en las mesas electorales.



El alcalde puede ser alcalde y el sacerdote puede ocupar el lugar que le corresponda. Pero ningún cargo convierte automáticamente a su titular en protagonista de todo lo que se inaugura.

Yo habría dado a Francisco Fuentes un lugar preferente y la oportunidad de tomar la palabra. No por amistad, afinidad ideológica ni compromiso personal. Por justicia. Porque antes de mirar quién ha acudido a hacerse la fotografía, conviene recordar quién ha trabajado para que hubiera algo que inaugurar.

Quienes dedican años a sacar adelante proyectos colectivos no suelen hacerlo para recibir reconocimientos. Pero que no los busquen no significa que no los merezcan.

Y si reconocer el esfuerzo ajeno también es una forma de solidaridad, quizá deberíamos practicarla un poco más. Incluso cuando el protagonista no ocupa un cargo público, no comparte nuestras ideas o, sencillamente, no sale en la fotografía.

En la inauguración de la casa del Nazareno, ese reconocimiento tenía nombre y apellidos: Francisco Fuentes, anterior hermano mayor.

Sin peloteo, sin favores y sin deberle nada a nadie. Simplemente, porque el trabajo merece ser reconocido.

El de arriba lo sabe y su madre también.





lunes, 19 de octubre de 2026

«Soldadito español, soldadito valiente…»

 Con guasa, pero en serio 

14/10/2026 Juaky Bellido

TelePuerto TV 

«Soldadito español, soldadito valiente…»

Suena la música, se despliegan las banderas y llega el 12 de octubre. Toca sacar pecho, envolverse en los colores de la patria y celebrar ese orgullo nacional que algunos parecen tener reservado para unos cuantos días al año. Desfile, exaltación patriótica, discursos grandilocuentes y una buena dosis de nostalgia imperial. Que no falte de nada. España necesita demostrar que sigue siendo España, aunque algunos todavía no hayan terminado de decidir de qué España están hablando.

 

https://www.elpuertodesantamaria.es

¡España se rompe! ¡La unidad nacional no se negocia! ¡Ni privilegios ni agravios territoriales! ¡Defendamos nuestras fronteras! ¡Recuperemos la grandeza de España!». El repertorio es conocido: Cataluña, la financiación autonómica, Ceuta, Melilla, las tradiciones y la bandera. Consignas que apelan a las emociones y convierten el patriotismo en protagonista absoluto de la jornada... ¡Tesquiya, algunas estábamos en la playa!

Y hoy, en El Puerto, hemos tenido izada de bandera, himno nacional, homenaje a los caídos y banderita de Ceuta incluida. Una exaltación de la unidad nacional para ponerle los pelos de punta a más de un nostálgico. La Copa del Mundo, anunciada como uno de los atractivos de la jornada, se ha quedado para otro día por razones técnicas. ¡Recórcholis! ¿El cura de la Prioral no estuvo? Póngale falta de asistencia en el expediente.

Pero vamos a lo importante. Que el patriotismo no consiste solamente en emocionarse con una bandera. Consiste en cuidar de la gente que vive bajo ella. ¿Estará de acuerdo el confesor del munícipe, no?

Porque defender España es defender la sanidad pública, a sus profesionales y a quienes esperan meses para una consulta. Es proteger las pensiones, garantizar salarios dignos y conseguir que la vivienda no sea un artículo de lujo. Y en El Puerto, con los precios que se están viendo, que alguien explique cómo se emancipa una persona joven sin tener que hipotecar hasta el apellido.

Para eso andan recogiendo firmas las shikillas y shikillos de Adelante Andalucía: para presentarse a las elecciones y pelear desde las instituciones, con un escaño o con sesenta y uno, por mejorar la vida de las andaluzas y los andaluces. Que defender Andalucía también es defender a su gente, sus servicios públicos y sus derechos. Aunque a los del carné de rojo pedigrí les joda más que a los nietos y sobrinos del gallego. 

Mientras tanto, aquí también se cuecen habas. La transformación de la margen izquierda del Guadalete, con un proyecto anunciado de casi 37 millones de euros para usos comerciales, de ocio y hoteleros, plantea preguntas que merecen respuesta: ¿qué gana El Puerto?, ¿qué espacios públicos se comprometen?, ¿quién obtiene los beneficios?

Y tenemos a Avanza El Puerto, cada vez más presente en las grandes operaciones municipales, con el anuncio de que asumirá los costes de redacción de los proyectos de reparcelación y urbanización de Bella Bahía, dentro de la regularización de las ARG. Que nadie se confunda: regularizar estas zonas puede ser necesario. Precisamente por eso hay que saber cuánto costará, quién pagará y hasta dónde llegará el dinero público. Que después vienen las sorpresas y aquí nos conocemos todos. Las voluntades, las fotitos... Enga, ompare, que esto parece Hernán Díaz 3.0, con cámara digital incluida.

Y, alcalde, entre bandera y bandera, tampoco estaría mal aprovechar los micrófonos para aclarar las preguntas que siguen pendientes. La Guardia Civil recabó documentación sobre contratos de patrocinio de la Diputación de Cádiz por más de un millón de euros vinculados a un empresario investigado por presunto blanqueo. Eso no demuestra que los contratos sean ilegales ni que usted haya cometido delito, pero la transparencia no debería molestar a nadie.

También se han pedido explicaciones sobre las circunstancias y la financiación de su viaje a Estados Unidos para asistir a la final del Mundial de Clubes. ¿Quién invitó? ¿Quién pagó? ¿En qué condiciones se realizó el desplazamiento? Preguntas sencillas, respuestas claras. No hace falta montar otro desfile.

Hoy hemos celebrado la patria. Mañana volverán las listas de espera, los alquileres imposibles y las cuentas que no salen. Y el miércoles, si no hay más contratiempos, llegará la Copa del Mundo. Menos banderitas y menos patriotismo de escaparate, que nos ha costado un pico a los andaluces pa que cuatro pijos se peguen una buena cena en una plaza pública de Sevilla. Que la patria, ompare, no se demuestra sacando la bandera, sino dejando de joderle la vida a la gente.

 

miércoles, 7 de octubre de 2026

Adopta a un pepero

Con guasa, pero en serio

28/09/2026

TelePuerto TV 

Hay que Adopta a un pepero: los cargos del PP sufren. Sufren muchísimo. Sufren ellos, sus familias, sus amigos, sus parejas y, a este paso, hasta el vecino del quinto. Y uno, que tiene su corazoncito, empieza a pensar que esto necesita una solución de Estado: adopte a un pepero. Porque parece que ahora preguntar por un político, por sus relaciones institucionales, por los contratos públicos que dependen de su área o por las personas que aparecen alrededor de determinadas operaciones económicas se ha convertido en una especie de atentado contra los derechos humanos. Hombre, tampoco nos pasemos. Una cosa es acosar injustamente a la familia de un cargo público, que está mal y punto, y otra muy diferente es pretender que cualquier pregunta sobre el poder es una persecución personal. Ahí está el truco: se mezcla deliberadamente la intimidad con la responsabilidad pública y, de repente, fiscalizar un contrato público parece equivalente a entrar con una cámara en el dormitorio de alguien. Pues no. Cuando se investiga el poder, se controla el poder. Y eso, aunque moleste, es bastante democrático.

Fuentes: La voz del sur

Miremos el caso de Germán Beardo. No estamos hablando de cotilleos de peluquería. Estamos hablando de una investigación judicial en la que la Guardia Civil ha requerido documentación en la Diputación de Cádiz relacionada con contratos de patrocinio vinculados a empresas de Pascual Llopis por más de 1,3 millones de euros. Y aparecen, además, unos mensajes intervenidos en los que alguien dice aquello de: «Primero hay que usar siempre a Germán y al PP». Lo dice un investigado, no lo dice Beardo, y conviene decirlo porque los hechos son los hechos: Beardo no figura actualmente como investigado en esa causa ni consta que cediera a ninguna presión. Pero, vamos a ver: si tu nombre aparece en una conversación así, si estabas al frente del área de la que salieron esos fondos y si existen contratos millonarios que están siendo examinados judicialmente, ¿qué se supone que tiene que hacer un periodista? ¿Preguntar por el tiempo? Preguntar no es condenar, investigar no es perseguir y explicar lo que ocurre no es “matar civilmente” a nadie.

De hecho, hay quien entiende que, cuando una polémica amenaza con salpicar a una institución, apartarse puede ser una manera bastante digna de protegerla. Jorge Vázquez, director general de Andalucía Global, dimitió tras verse relacionado con esas conversaciones para evitar perjudicar a su Gobierno. Mira qué cosa tan revolucionaria: asumir responsabilidad. Qué concepto tan extraño en política. Porque luego tenemos el otro método: victimizarse. El periodista pregunta y tú eres víctima. El ciudadano protesta y tú eres víctima. La oposición critica y tú eres víctima. Alguien publica un contrato y, automáticamente, estás sufriendo una persecución histórica. Esto ya no es política. Esto es una sesión permanente de terapia.

Y hablando de ecosistemas políticos, llegamos a Isabel Díaz Ayuso, otra llorona del pasado finde que siente la persecución familiar. Sí, tiene cohone. El tema del hermano, de papá o mamá e incluso de las parejas y los ex... Un poné, cuando hablamos de su pareja, de sus relaciones económicas, de los millones facturados durante la pandemia o de las investigaciones que afectan a ese entorno, no estamos hablando de qué desayuna nadie. Estamos hablando de asuntos que han adquirido dimensión pública. Y si algo tiene dimensión pública, se pregunta. Luego ya responderás o no responderás, pero lo que no puedes pretender es que la democracia venga con botón de “silenciar periodista”.

Y mientras tanto, en El Puerto, hemos visto otra versión del asunto: perfiles vinculados a la Alcaldía arremetiendo contra un guía que había denunciado algo tan peligrosísimo como que había calles llenas de orines. Sí, orines. Una crítica sobre limpieza. Y si ante una denuncia vecinal sobre calles sucias la respuesta es señalar al que protesta, uno empieza a pensar que quizá tenemos un pequeño problema de prioridades. Menos señalar al que habla y más limpiar lo que huele mal. Y no señalar al chaval ni amenazarlo. Él también tiene familia, ni siquiera está en política y tampoco se hizo la víctima cuando se le amedrentó o amenazó de una forma tan ridícula. 

Porque esta es la cuestión de fondo: la política tiene exposición, tiene crítica, tiene prensa, tiene oposición y tiene ciudadanos que preguntan. Y tiene que rendir cuentas. El cargo es público cuando toca cobrar el sueldo, firmar, decidir, gestionar competencias y manejar presupuestos; no puede convertirse mágicamente en privado cuando alguien pregunta qué has hecho con todo eso. No funciona así. Y si la fiscalización democrática te parece un peaje insoportable, siempre queda una solución sencillísima: dejar el cargo. Sí, se puede. No te quitan la nacionalidad, no te expulsan del país y no te obligan a vivir debajo de un puente. Puedes dejar la política.

Aunque entiendo que a algunos les resulte complicado imaginar una vida después de las siglas. Hay carreras políticas tan perfectamente integradas en el partido que uno ya no sabe dónde acaba la persona y dónde empieza el cargo. Y ahí es cuando aparece el síndrome de abstinencia institucional: “¿Pero qué voy a hacer yo fuera?”. Pues mira, puedes probar a trabajar. Como experiencia nueva.

Pero tranquilos. Para eso estamos nosotros. Para organizar la acogida. Adopte a un pepero. Déle cariño, póngale una mantita, prepárele un caldo y, sobre todo, cuando se haya recuperado del susto, hágale una pregunta. Una sola. A ver si sobrevive. Porque la democracia consiste precisamente en eso: en poder preguntar, poder criticar y poder exigir explicaciones sin que cada pregunta sea presentada como una conspiración. La libertad no es propiedad de nadie. Tampoco del Partido Popular, ni del PSOE, ni de ningún partido. Todos llevamos dentro un pequeño autoritario; la diferencia es que algunos, cuando llegan al poder, descubren que el suyo tiene despacho, coche oficial y presupuesto. Ay, política, política. Adopten a un pepero, por favor. Que parecen estar muy faltos de cariño.


domingo, 2 de agosto de 2026

A usted no le incumbe

"Porque la legalidad no puede convertirse en un acto de fe"


Últimamente da la sensación de que la democracia ha cambiado de reglas. Antes, cuando aparecían dudas sobre la gestión del dine

ro público, se respondía con explicaciones. Ahora, demasiadas veces, se responde acusando de persecución a quien pregunta.

Y no, no es lo mismo.

Preguntar no es condenar. Opinar no es sentenciar. Para eso están los juzgados, que determinarán, si llega el caso, si alguien ha cometido o no algún delito. Pero entre una sentencia y el silencio existe un espacio irrenunciable en democracia: el pensamiento crítico.

Los ciudadanos no estamos obligados a suspender nuestro juicio hasta que un juez hable. Tenemos derecho a preguntarnos por qué unas empresas obtienen determinados contratos, por qué determinadas circunstancias llaman la atención o por qué las explicaciones oficiales se reducen, una y otra vez, a un tranquilizador "todo es legal".

Porque la legalidad no puede convertirse en un acto de fe.

La fe pertenece a las iglesias. A las administraciones públicas les corresponde otra cosa: explicar. Convencer. Rendir cuentas.

Lo preocupante no es que haya periodistas, ciudadanos o usuarios de redes sociales que hagan preguntas. Lo preocupante es que se pretenda convertir esas preguntas en una forma de persecución. Como si fiscalizar al poder fuese una falta de respeto y no una obligación democrática.

Tan preocupante como eso resulta el papel de una oposición que, salvo contadas excepciones, está ofreciendo una respuesta demasiado discreta para la magnitud del debate. Es cierto que dispone de menos medios y menos recursos que quien gobierna, pero esa desventaja no puede justificar una fiscalización tan débil. Quien se presenta a unas elecciones también asume el compromiso de controlar al gobierno, de pedir explicaciones y de representar a quienes esperan una oposición vigilante, no resignada.

Las casualidades, por sí solas, no prueban nada. Pero tampoco obligan a dejar de pensar. Cuando los hechos públicos generan dudas razonables, lo inteligente no es pedir un acto de fe. Lo inteligente es ofrecer explicaciones.

Porque gobernar no consiste en pedir confianza ciega. Consiste en merecerla.

Y si cada vez que alguien pregunta la respuesta es, en el fondo, "a usted no le incumbe", quizá convenga recordar algo muy sencillo.

Cuando se trata del dinero público, sí nos incumbe.

Y mucho.