lunes, 19 de octubre de 2026

«Soldadito español, soldadito valiente…»

 Con guasa, pero en serio 

14/10/2026 Juaky Bellido

«Soldadito español, soldadito valiente…»

Suena la música, se despliegan las banderas y llega el 12 de octubre. Toca sacar pecho, envolverse en los colores de la patria y celebrar ese orgullo nacional que algunos parecen tener reservado para unos cuantos días al año. Desfile, exaltación patriótica, discursos grandilocuentes y una buena dosis de nostalgia imperial. Que no falte de nada. España necesita demostrar que sigue siendo España, aunque algunos todavía no hayan terminado de decidir de qué España están hablando.

 

https://www.elpuertodesantamaria.es

¡España se rompe! ¡La unidad nacional no se negocia! ¡Ni privilegios ni agravios territoriales! ¡Defendamos nuestras fronteras! ¡Recuperemos la grandeza de España!». El repertorio es conocido: Cataluña, la financiación autonómica, Ceuta, Melilla, las tradiciones y la bandera. Consignas que apelan a las emociones y convierten el patriotismo en protagonista absoluto de la jornada... ¡Tesquiya, algunas estábamos en la playa!

Y hoy, en El Puerto, hemos tenido izada de bandera, himno nacional, homenaje a los caídos y banderita de Ceuta incluida. Una exaltación de la unidad nacional para ponerle los pelos de punta a más de un nostálgico. La Copa del Mundo, anunciada como uno de los atractivos de la jornada, se ha quedado para otro día por razones técnicas. ¡Recórcholis! ¿El cura de la Prioral no estuvo? Póngale falta de asistencia en el expediente.

Pero vamos a lo importante. Que el patriotismo no consiste solamente en emocionarse con una bandera. Consiste en cuidar de la gente que vive bajo ella. ¿Estará de acuerdo el confesor del munícipe, no?

Porque defender España es defender la sanidad pública, a sus profesionales y a quienes esperan meses para una consulta. Es proteger las pensiones, garantizar salarios dignos y conseguir que la vivienda no sea un artículo de lujo. Y en El Puerto, con los precios que se están viendo, que alguien explique cómo se emancipa una persona joven sin tener que hipotecar hasta el apellido.

Para eso andan recogiendo firmas las shikillas y shikillos de Adelante Andalucía: para presentarse a las elecciones y pelear desde las instituciones, con un escaño o con sesenta y uno, por mejorar la vida de las andaluzas y los andaluces. Que defender Andalucía también es defender a su gente, sus servicios públicos y sus derechos. Aunque a los del carné de rojo pedigrí les joda más que a los nietos y sobrinos del gallego. 

Mientras tanto, aquí también se cuecen habas. La transformación de la margen izquierda del Guadalete, con un proyecto anunciado de casi 37 millones de euros para usos comerciales, de ocio y hoteleros, plantea preguntas que merecen respuesta: ¿qué gana El Puerto?, ¿qué espacios públicos se comprometen?, ¿quién obtiene los beneficios?

Y tenemos a Avanza El Puerto, cada vez más presente en las grandes operaciones municipales, con el anuncio de que asumirá los costes de redacción de los proyectos de reparcelación y urbanización de Bella Bahía, dentro de la regularización de las ARG. Que nadie se confunda: regularizar estas zonas puede ser necesario. Precisamente por eso hay que saber cuánto costará, quién pagará y hasta dónde llegará el dinero público. Que después vienen las sorpresas y aquí nos conocemos todos. Las voluntades, las fotitos... Enga, ompare, que esto parece Hernán Díaz 3.0, con cámara digital incluida.

Y, alcalde, entre bandera y bandera, tampoco estaría mal aprovechar los micrófonos para aclarar las preguntas que siguen pendientes. La Guardia Civil recabó documentación sobre contratos de patrocinio de la Diputación de Cádiz por más de un millón de euros vinculados a un empresario investigado por presunto blanqueo. Eso no demuestra que los contratos sean ilegales ni que usted haya cometido delito, pero la transparencia no debería molestar a nadie.

También se han pedido explicaciones sobre las circunstancias y la financiación de su viaje a Estados Unidos para asistir a la final del Mundial de Clubes. ¿Quién invitó? ¿Quién pagó? ¿En qué condiciones se realizó el desplazamiento? Preguntas sencillas, respuestas claras. No hace falta montar otro desfile.

Hoy hemos celebrado la patria. Mañana volverán las listas de espera, los alquileres imposibles y las cuentas que no salen. Y el miércoles, si no hay más contratiempos, llegará la Copa del Mundo. Menos banderitas y menos patriotismo de escaparate, que nos ha costado un pico a los andaluces pa que cuatro pijos se peguen una buena cena en una plaza pública de Sevilla. Que la patria, ompare, no se demuestra sacando la bandera, sino dejando de joderle la vida a la gente.

 

El país que tú quieras que sea

 Con guasa, pero en serio 

07/10/2026 Juaky Bellido

 Hoy hablamos del país. Pero quietos paraos, que no voy hablar de Andalucía, ni os voy a vender el mapa de plastilina que nos pintan desde los despachos de Madrid. Ni Feijóo, ni Sánchez, ni el que se ponga por delante con la corbata planchada. Hablo del país de verdad, el que pisamos tú y yo con los zapatos gastaos. El país que tú quieras que sea, ompare, que para eso se supone que metemos un trozo de papel en una urna cada cuatro años.

 

Fuente: https://share.google/lFSqsaJ4I0mLku7ae

El otro día salió el señor Alberto Núñez Feijóo con el anuncio del adelanto electoral y suelta, con to sus huevos gallegos, aquello de: «Por fin España podrá elegir el país que quiere ser».

¡Qué alegría, don Alberto! Menos mal que ha venido usted a abrirnos los ojos, que estábamos aquí a oscuras. Pero antes de pedirnos el voto a la desesperada y ponernos carita de santo en los carteles, convendría que nos explicaran clarito, sin rodeos de mitin ni palabrería de esa que no dice nada, qué carajo de modelo nos están vendiendo.

Porque elegir no es solo cambiar la foto del presidente en el despacho de la Moncloa, como quien cambia los cromos del bollycao, qué tiempos aquellos. 

Elegir es decidir qué puñetas vamos a hacer con la vivienda, con la sanidad, con la escuela de las shikillos y con las pensiones de nuestros mayores. Eso que los finos llaman «Estado del bienestar» y que en mi barrio llamamos llegar a fin de mes sin que te dé un amago de infarto.

Vamos al grano porrita ¿Qué España queremos? - voy a temas generales, que yo sé lo que quiero, una Andalucía Libre, pero vamos a ser generosos. Hablemos pa tos, despeñaperros pa'rriba y to-.¿Una donde tener un techo sea un derecho de los de verdad o una mercancía para que cuatro listos hagan caja?

La vivienda no puede ser la lotería de los que tuvieron la suerte de heredar tres pisos en el centro o de los que llegaron antes a repartirse el pastel inmobiliario. Y cuando hablamos de vivienda protegida y suelo público, hablamos del dinero de todos, de los recursos de la gente de a pie. No del Monopoly de cuatro espabilados, que luego ves lo que pasa por ahí arriba y se te revuelven las tripas de la risa por no llorar.

Mira lo de Alicante con Les Naus, que cachondos: 140 viviendas protegidas levantadas sobre suelo público y una investigación judicial que ha llevado a 15 personas a declarar como investigadas por posibles irregularidades en las adjudicaciones. Entre ellas hay cargos y funcionarios públicos y personas vinculadas a la promotora.

No digo yo que todos ahí dentro sean unos chorizos, por Dio. Eso lo decidirá la Justicia, o no. 

Cuando una vivienda pública acaba rodeada de sospechas, el pueblo tiene derecho a pedir que se levanten las alfombras y se ventile el cortijo.

Y luego está Madrid, donde la propia Comunidad contempla que determinadas viviendas protegidas puedan venderse a precio libre una vez terminado el periodo de protección. ¡Viva la libertad, carajo! Ya ves, eso también convendría discutirlo: si una vivienda se construye con suelo y recursos públicos para cumplir una función social, ¿por qué esa función tiene que llevar fecha de caducidad? Pa otro día. 

Mientras tanto, en el Congreso, PP, Vox y Junts tumbaron los dos decretos de vivienda del Gobierno, que incluían medidas sobre desahucios, alquileres, prórrogas de contratos y protección de inquilinos.

Aquí, el primo Pedro aprovechará otra Vez para ponerse el traje de víctima y Feijóo le responderá desde el atril con otra lindeza. Mientras tanto, hay una madre que no pega ojo esperando una carta del juzgado, un chaval que trabaja y no puede emanciparse y una anciana preguntándose dónde va a dormir.

Eso es la vivienda, señores. No un gráfico de colores en una tertulia de sabelotodos.

Y después, la sanidad.

¿Queremos una España donde ponerse malo dependa de lo gorda que tengas la cartilla del banco?

¿Una donde el que tenga billetes vaya por la autopista rápida de la privada y el currante tenga que esperar meses para que le miren una rodilla?

Y lo mismo con la educación de nuestras criaturas.

O defendemos una escuela pública fuerte que garantice oportunidades, o acabaremos aceptando que el que pueda pagar tenga todas las puertas abiertas y el que no pueda se quede mirando desde la acera o intentando rascar pasta para entrar en una FP privada del Moreno Bonilla's Friends. 

Pero frena, mamaostia, que el premio gordo llega con las pensiones.

Aquí ya no hace falta imaginar nada. El diputado "maestro liendre" de Vox José María Figaredo ha calificado el sistema actual de pensiones de «zombi» y «quebrado» y ha defendido un modelo mixto que combine reparto y capitalización individual.

Y yo le pregunto al joven artista:

Si según usted esto está quebrado, ¿qué propone hacer con mi jubilación? ¿Por qué insinúa que fondos privados quieren entrar e invertir en algo que no es rentable, es zombi y está quebrado? ¿Acaso es representante de banco, aseguradora o fondo de inversión? 

¿Qué pretende que me busque un plan privado con el banco que me cobra comisión hasta por respirar?

Hay que tener la cara más dura que el cemento armado. No todos partimos del mismo sitio, chaval. 

Hay quien puede ahorrar todos los meses y hay quien llega al día treinta haciendo encaje de bolillos.

Hay quien hereda un piso en Vistahermosa y hay quien hereda una hipoteca.

Hay quien tiene fondos de inversión y hay quien tiene dos hijos, un alquiler que sube como la espuma y una nómina de miseria.

Cuidado con mirar tanto a Estados Unidos como modelo de referencia, que os conozco y os gusta mucho el postureo de las películas.

Porque si la solución es que cada uno se pague por to, su médico, la educación de sus hijos y su jubilación, entonces tenemos una cosa muy curiosa: "hemos privatizado hasta el derecho a tener mala suerte" .

Y yo no quiero un país donde el obrero tenga que reventarse la espalda, las rodillas y las manos trabajando hasta que el cuerpo diga «hasta aquí hemos llegado», para después cruzar los dedos a ver si le queda una pensión digna para comprar los medicamentos.

No quiero un país donde enfermar sea la ruina de una familia.

Ni donde estudiar dependa de la cartera de tus padres.

Ni donde tener una casa sea un lujo.

Así que sí, señor Feijóo: elijamos de una puñetera vez.

Pero que no nos vengan con la milonga de que esto va solo de elegir entre Sánchez y usted.

Que nos expliquen, con peras y manzanas, qué va a pasar con nuestra casa, con nuestro médico de cabecera, con la escuela de los niños y con nuestra jubilación. Porque España no es una bandera muy grande para tapar las vergüenzas y los chiringuitos de un mitin.

Un país es la limpiadora que espera una vivienda digna, el currante que aguarda la cita del especialista con el dolor a cuestas, el estudiante que necesita una beca y el jubilado que, después de cuarenta años cotizando y doblando el lomo, solo pide una cosa: vivir con dignidad, no sobrevivir como un náufrago.

Y hoy, mientras escribo esto, el Gobierno vuelve a aprobar los decretos de vivienda después de que el Congreso los tumbara la semana pasada. La partida sigue abierta.

Así que sí.

El país que tú quieras que sea.

Pero mira bien lo que estás eligiendo.

Porque luego no vale decir que no sabías lo que llevaba dentro el paquete.

Y el que pueda, que haga. Que los demás ya estamos hartos de palabras huecas.

 

miércoles, 7 de octubre de 2026

Adopta a un pepero

Con guasa, pero en serio

28/09/2026

TelePuerto TV 

Hay que Adopta a un pepero: los cargos del PP sufren. Sufren muchísimo. Sufren ellos, sus familias, sus amigos, sus parejas y, a este paso, hasta el vecino del quinto. Y uno, que tiene su corazoncito, empieza a pensar que esto necesita una solución de Estado: adopte a un pepero. Porque parece que ahora preguntar por un político, por sus relaciones institucionales, por los contratos públicos que dependen de su área o por las personas que aparecen alrededor de determinadas operaciones económicas se ha convertido en una especie de atentado contra los derechos humanos. Hombre, tampoco nos pasemos. Una cosa es acosar injustamente a la familia de un cargo público, que está mal y punto, y otra muy diferente es pretender que cualquier pregunta sobre el poder es una persecución personal. Ahí está el truco: se mezcla deliberadamente la intimidad con la responsabilidad pública y, de repente, fiscalizar un contrato público parece equivalente a entrar con una cámara en el dormitorio de alguien. Pues no. Cuando se investiga el poder, se controla el poder. Y eso, aunque moleste, es bastante democrático.

Fuentes: La voz del sur

Miremos el caso de Germán Beardo. No estamos hablando de cotilleos de peluquería. Estamos hablando de una investigación judicial en la que la Guardia Civil ha requerido documentación en la Diputación de Cádiz relacionada con contratos de patrocinio vinculados a empresas de Pascual Llopis por más de 1,3 millones de euros. Y aparecen, además, unos mensajes intervenidos en los que alguien dice aquello de: «Primero hay que usar siempre a Germán y al PP». Lo dice un investigado, no lo dice Beardo, y conviene decirlo porque los hechos son los hechos: Beardo no figura actualmente como investigado en esa causa ni consta que cediera a ninguna presión. Pero, vamos a ver: si tu nombre aparece en una conversación así, si estabas al frente del área de la que salieron esos fondos y si existen contratos millonarios que están siendo examinados judicialmente, ¿qué se supone que tiene que hacer un periodista? ¿Preguntar por el tiempo? Preguntar no es condenar, investigar no es perseguir y explicar lo que ocurre no es “matar civilmente” a nadie.

De hecho, hay quien entiende que, cuando una polémica amenaza con salpicar a una institución, apartarse puede ser una manera bastante digna de protegerla. Jorge Vázquez, director general de Andalucía Global, dimitió tras verse relacionado con esas conversaciones para evitar perjudicar a su Gobierno. Mira qué cosa tan revolucionaria: asumir responsabilidad. Qué concepto tan extraño en política. Porque luego tenemos el otro método: victimizarse. El periodista pregunta y tú eres víctima. El ciudadano protesta y tú eres víctima. La oposición critica y tú eres víctima. Alguien publica un contrato y, automáticamente, estás sufriendo una persecución histórica. Esto ya no es política. Esto es una sesión permanente de terapia.

Y hablando de ecosistemas políticos, llegamos a Isabel Díaz Ayuso, otra llorona del pasado finde que siente la persecución familiar. Sí, tiene cohone. El tema del hermano, de papá o mamá e incluso de las parejas y los ex... Un poné, cuando hablamos de su pareja, de sus relaciones económicas, de los millones facturados durante la pandemia o de las investigaciones que afectan a ese entorno, no estamos hablando de qué desayuna nadie. Estamos hablando de asuntos que han adquirido dimensión pública. Y si algo tiene dimensión pública, se pregunta. Luego ya responderás o no responderás, pero lo que no puedes pretender es que la democracia venga con botón de “silenciar periodista”.

Y mientras tanto, en El Puerto, hemos visto otra versión del asunto: perfiles vinculados a la Alcaldía arremetiendo contra un guía que había denunciado algo tan peligrosísimo como que había calles llenas de orines. Sí, orines. Una crítica sobre limpieza. Y si ante una denuncia vecinal sobre calles sucias la respuesta es señalar al que protesta, uno empieza a pensar que quizá tenemos un pequeño problema de prioridades. Menos señalar al que habla y más limpiar lo que huele mal. Y no señalar al chaval ni amenazarlo. Él también tiene familia, ni siquiera está en política y tampoco se hizo la víctima cuando se le amedrentó o amenazó de una forma tan ridícula. 

Porque esta es la cuestión de fondo: la política tiene exposición, tiene crítica, tiene prensa, tiene oposición y tiene ciudadanos que preguntan. Y tiene que rendir cuentas. El cargo es público cuando toca cobrar el sueldo, firmar, decidir, gestionar competencias y manejar presupuestos; no puede convertirse mágicamente en privado cuando alguien pregunta qué has hecho con todo eso. No funciona así. Y si la fiscalización democrática te parece un peaje insoportable, siempre queda una solución sencillísima: dejar el cargo. Sí, se puede. No te quitan la nacionalidad, no te expulsan del país y no te obligan a vivir debajo de un puente. Puedes dejar la política.

Aunque entiendo que a algunos les resulte complicado imaginar una vida después de las siglas. Hay carreras políticas tan perfectamente integradas en el partido que uno ya no sabe dónde acaba la persona y dónde empieza el cargo. Y ahí es cuando aparece el síndrome de abstinencia institucional: “¿Pero qué voy a hacer yo fuera?”. Pues mira, puedes probar a trabajar. Como experiencia nueva.

Pero tranquilos. Para eso estamos nosotros. Para organizar la acogida. Adopte a un pepero. Déle cariño, póngale una mantita, prepárele un caldo y, sobre todo, cuando se haya recuperado del susto, hágale una pregunta. Una sola. A ver si sobrevive. Porque la democracia consiste precisamente en eso: en poder preguntar, poder criticar y poder exigir explicaciones sin que cada pregunta sea presentada como una conspiración. La libertad no es propiedad de nadie. Tampoco del Partido Popular, ni del PSOE, ni de ningún partido. Todos llevamos dentro un pequeño autoritario; la diferencia es que algunos, cuando llegan al poder, descubren que el suyo tiene despacho, coche oficial y presupuesto. Ay, política, política. Adopten a un pepero, por favor. Que parecen estar muy faltos de cariño.


martes, 29 de septiembre de 2026

210.000 euros para un bolso

Con guasa, pero en serio

28/09/2026

TV PUERTO

Fuentes tv Puerto 


Efectivamente, no exactamente para un bolso. Para 18 palcos de Semana Santa, 79 individuales y otros artilugios de la carrera oficial. Pero ya saben que en El Puerto tenemos cierta querencia por los complementos. En la primera legislatura de David Calleja ya tuvimos bastante exhibición de ropita, vestidor, regalitos y aquel entusiasmo fotográfico que hacía pensar que el concejal se había confundido de oficio y, en lugar de estar en el Ayuntamiento, se había apuntado a una agencia de modelos. Dieciocho mil fotos después, uno comprende que aquello no era presumir: era política de comunicación. Y además gratis para el modelo. Para el fotógrafo, ya si eso, pagaba el Ayuntamiento.

Ahora llegan otros 210.000 euros para el bolso de la Semana Santa. Un bolso bastante más grande, eso sí, y desmontable, que es una cosa muy de El Puerto: los palcos se desmontan; los problemas, ni con grúa. La pregunta es muy sencilla: ¿para qué? Porque no estamos hablando de una inversión imprescindible para que una persona con movilidad reducida pueda disfrutar de la carrera oficial, ni de mejorar accesos, ni de arreglar un barrio. Estamos hablando de poner palcos para que unos ciudadanos puedan ver la Semana Santa sentados y desde un sitio determinado, mientras otros, como toda la vida, buscan un hueco donde pueden. Y habrá quien diga que es tradición, cultura, turismo y economía. Estupendo. Pero estaría bien saber también de quién son los palcos, quién los utiliza, quién cobra, quién paga y qué vuelve a las arcas municipales. Porque si son públicos, habrá que saber exactamente qué hacemos con ellos. Y si no lo son, con más razón. Que aquí hasta los misterios deberían venir con memoria económica.

Mientras tanto, El Puerto tiene asuntos bastante menos fotogénicos. Barrios que necesitan reurbanización, calles que piden una visita del Ayuntamiento desde hace años, problemas de movilidad y un transporte público que puede ser gratuito para el usuario y bastante caro para el contribuyente. Porque lo de autobús gratis queda estupendamente en el cartel. Luego resulta que los autobuses están para pocos trotes, las frecuencias no siempre acompañan y hasta se recorta el servicio. Es una modalidad muy nuestra: te regalamos el viaje, pero ya si eso te dejamos esperando en la parada. Gratis, sí. Puntual, eso ya es otro suplemento.

Y luego está la limpieza. Ahí tenemos el gran truco municipal: cuando la ciudad está sucia, la culpa siempre parece tener nombre, nómina y uniforme. Qué casualidad. Los trabajadores, esos sospechosos habituales. Pero hablamos de un contrato multimillonario. Y si un servicio cuesta millones, habrá que preguntarse si el problema está en quien empuña la escoba o en quien tiene que poner los medios, organizar el servicio y vigilar que se cumpla lo contratado. Lo mismo con playas, pinares y demás servicios. Porque a lo mejor no es que el trabajador limpie poco. A lo mejor es que estamos pagando mucho por un servicio que no se controla lo suficiente. Y eso tiene una ventaja: para resolverlo no hace falta otra foto. Hace falta gestión. Ya sé que es menos lucido, pero tiene la mala costumbre de funcionar.

Porque esta es la cuestión: dinero hay. Para contratos millonarios. Para palcos. Para subvenciones. Para asesores. Para campañas. Para fotos. Para ponerle lazo a cualquier cosa que se mueva. Lo que empieza a escasear es algo bastante más antiguo y mucho menos fotogénico: la prioridad. Porque gobernar no es decidir qué queda más bonito en Facebook. Es decidir qué necesita primero el ciudadano que paga la factura. Una calle arreglada antes que un palco. Un autobús que funcione antes que otro anuncio. Un barrio digno antes que otra foto con cinta. Un contrato bien controlado antes que otro contrato muy bien presentado. Eso no da tantos “me gusta”, pero arregla ciudades.

Así que sí: 210.000 euros para un bolso. El bolso de la Semana Santa. Y mientras unos miran desde arriba, otros seguimos abajo, esperando que arreglen la calle, que llegue el autobús, que limpien el barrio o que alguien explique por qué un servicio que cuesta una fortuna funciona regular. Será que en El Puerto hay bolsos de primera y ciudadanos de segunda. Y no se preocupen: para eso también hay presupuesto. Porque el bolso se desmonta, el palco se guarda y la foto desaparece. Pero la factura tiene una extraordinaria memoria. Y esa, como casi todo lo que importa, también la pagas tú.

jueves, 24 de septiembre de 2026

PP: lo público, pa’ mí

Con guasa, pero en serio

23/09/2026 tv Puerto 

Hay contradicciones en la derecha española que son pa’ mear y no echar gota. Se les llena la boca con la patria, la tradición y las esencias nacionales, pero en cuanto rascas el envoltorio, sufren una amnesia fecal autoinflingida con la parte más incómoda de su propia historia. Hablo de esa vieja costumbre de nuestras élites económicas: exigir que papá Estado intervenga cada vez que a ellos les hace falta salvar el bolsillo.

Maldita.es

Y como para entender el presente hay que mirar atrás, hagamos memoria. En el siglo XIX, mientras el capital privado en Gran Bretaña arriesgaba sus billetes para levantar minas, fábricas, ciudades y ferrocarriles, en España el cuento fue radicalmente distinto. Aquí el tren no nació de la valentía de ningún gran capitalista; nació de la financiación pública y de un sistema de mamandurrias y concesiones donde el Estado ponía la cama y el dinero. La pregunta del millón no es solo quién pagaba la fiesta, sino a costa de quién se construía el negocio y quién se comía los marrones si la cosa salía mal.

Ahí está la gran paradoja que hoy sigue coleando: los mismos que van de guardianes del libre mercado y de la iniciativa privada no tienen el más mínimo pudor en trincar los billetes de todos para que cuatro listos hagan negocio. Me viene a la cabeza la maravillosa mente privilegiada del liberalismo actual, D. Albert Rivera. 

Y de aquellos lodos, estos barros. El problema no es que lo público y lo privado colaboren; el problema es que lo público asume las pérdidas, los riesgos y el mantenimiento de las infraestructuras mientras los beneficios terminan, por el artículo 33, privatizados en los bolsillos de siempre.

Ahí tenéis mi definición del PP: lo público, pa’ mí.

Esta lógica la sufrimos hoy a pie de calle. En Andalucía nos quieren colar el desmantelamiento de la sanidad pública a base de derivaciones a clínicas privadas, contratos menores a dedo y externalizaciones bajo sospecha que ya están en el radar de la Cámara de Cuentas. Y esto no se debate con eslóganes de campaña ni golpes de pecho, se debate con las auditorías y los contratos encima de la mesa.

O miremos a los puertos, que en Cádiz sabemos bien de qué va el rollito. 

Llevamos años viendo cómo se transforma el muelle. El debate no es si queremos poner cuatro terrazas, hoteles flotantes o cruceros para los turistas. La pregunta es qué actividad económica real queremos conservar vinculada al mar. Porque Cádiz no es un secarral al que de pronto le han puesto agua delante. Nuestra identidad es comercial, pesquera y portuaria. Identidad con letras e historia marcada en la Carta Puebla. Ahora, mirar al río es cruzarlo. 

No entienden que mirar al mar tampoco es plantar un chiringuito pijo tapando las vistas. El puerto no puede ser un decorado de cartón piedra para que unos cuantos operadores privados hagan el agosto a costa de cargarse el tejido estratégico de Cádiz o de El Puerto de Santa María.

Es el colmo del cinismo: defienden las raíces históricas pero privatizan los espacios que durante generaciones nos dieron de comer. Eso también pasa con servicios tan básicos como el cobro de la lonja. Si dejas la gestión del muelle pesquero en manos de una empresa externa y de Madrid, estás ahogando la liquidez de los mayoristas y de los marineros que se parten la cara diariamente en la mar y de nuestro pueblo y tejido empresarial, amén de un CIF que cotiza en el reino bajuno de Ayuso. 

Ya está bien de la milonga de que lo privado es el cielo y lo público es el demonio. Ese discurso solo sirve para que los de arriba socialicen las pérdidas y se queden con las ganancias sin dar explicaciones a la gente de a pie. Lo vemos en la sanidad, en los contratos públicos, en el suelo urbano y en los puertos.

Por eso, cuando escucho que los impuestos son un "atraco", pregunto: ¿entonces quién paga los hospitales?, ¿quién asume el riesgo de las obras que luego aprovechan las empresas?, ¿por qué el dinero de todos tiene que financiar los beneficios de unos pocos?

Es patético ver y oír continuamente la hipocresía de los que quieren un Estado diminuto para los derechos sociales, pero un Estado gigante y generoso cuando necesitan subvenciones, rescates y concesiones a medida. Quieren convencer a las clases populares de que el enemigo es Hacienda mientras nos roban la cartera por la espalda, como pasó en Sevilla con la pijifiesta de "escaparate". Quieren menos impuestos para que no se cubran servicios sociales, y no se preguntan para quién coño trabaja el Estado, la junta o el ayuntamiento de turno cuando gasta nuestro dinero.

La respuesta, desgraciadamente, sigue siendo la misma: PP: lo público, pa’ mí.



sábado, 19 de septiembre de 2026

Apedreados

Con guasa, pero en serio

14/09/2026

TelePuertoTV

A Adelante se le ha criticado por un mensaje de felicitación de la Diada que decía:

«“Feliz Diada a toda Catalunya. Por seguir luchando por la autodeterminación de los pueblos y la solidaridad entre todos ellos.”»



Tres ideas muy concretas: felicitar al pueblo catalán, defender el derecho de autodeterminación de los pueblos y reivindicar la solidaridad entre ellos. No hay ningún ataque a España, ningún insulto ni ninguna descalificación hacia quienes piensan distinto.

Y no hay nada malo en solidarizarse entre pueblos. Desde Andalucía podemos solidarizarnos con Cataluña, con Valencia, con Euskadi o con cualquier otro pueblo. También con el pueblo madrileño, por ejemplo, que bastante tiene con aguantar a Almeida y sus ocurrencias cada vez que le ponen dos micrófonos delante. Que el alcalde de Madrid aproveche una entrevista para reclamar a RTVE que le pregunte por Ceuta tiene su punto: Almeida, hijo, eres el alcalde de Madrid. Empieza por Madrid.

Y podemos solidarizarnos también con los madrileños ante las polémicas de sus gobernantes con el dinero público, los contratos, las adjudicaciones o los negocios familiares. Cuando llegue el Día de Madrid, desde Adelante también podremos mandar un tuit: “Feliz Día de Madrid. Solidaridad con el pueblo madrileño por lo que tiene que aguantar.”

Eso es solidaridad entre pueblos. No parece tan complicado. Aunque para algunos, por lo visto, solidarizarse con Cataluña es poco menos que declarar la guerra a España.

Lo que sí resulta curioso es que Manolo Gavira, el gafapasta rancio con aire de personaje de película antigua del franquismo, ese señor con cara de chivato del pueblo, se lance a llamar “catetos” y “rancios” a quienes han escrito el tuit.

Muy valiente para apedrear un mensaje en Twitter. Para eso sí hay teclado. Para insultar desde la pantalla, siempre hay patriotas disponibles.

Pero mientras Gavira reparte carnés de modernidad y decide quién es suficientemente español, en Andalucía tenemos problemas bastante más serios.

Doñana. El agua. Las desigualdades sociales. La vivienda. Los pisos turísticos. Los jóvenes que no pueden emanciparse y tienen que marcharse. Los pueblos que se vacían.

Y ahí Gavira parece tener menos cosas que decir. Será que esos problemas no caben en un tuit de bronca. O será que no dan tantos aplausos entre los de siempre.

No le vemos con la misma vehemencia hablando del robo de agua en Doñana y de que el caso que afectaba a la Casa de Alba haya terminado archivado. No le vemos poniendo el mismo empeño en defender a los malagueños que no pueden acceder a una vivienda. No le vemos reclamando medidas para reducir los pisos turísticos, aumentar la vivienda asequible y permitir que nuestros jóvenes puedan quedarse a vivir en sus ciudades.

Eso también tiene una consecuencia política: barrios populares expulsados, ciudades cada vez más caras y jóvenes obligados a marcharse mientras crecen las zonas reservadas para quienes pueden pagar un piso turístico, un chalet o un adosado.

Muy preocupados algunos por quién puede votar mañana y bastante menos por quién podrá vivir aquí mañana.

Porque una cosa es hablar de la patria en Twitter y otra muy distinta defender a la gente que vive en ella. Una cosa es envolverse en banderas y otra conseguir que una familia pueda pagar el alquiler, que un joven pueda emanciparse o que un pueblo no se quede sin vecinos.

Desde Adelante se solidarizan con los pueblos, sí. Pero, sobre todo, con las clases populares de esos pueblos.

La Diada es un día especial para los catalanes. Felicitarles, reconocer su derecho a decidir y defender la solidaridad entre pueblos no tiene nada de malo.

Lo que hace falta en Andalucía es bastante más sencillo: políticos que gestionen, que defiendan a su gente y que solucionen problemas. Menos confrontación y menos odio. Porque de apedrear tuits ya hay demasiados. Lo difícil, lo verdaderamente valiente, es apedrear los privilegios.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Bandera o plato de habichuelas

Con guasa, pero en serio

10/09/2026

TelePuertoTV

Hace unos días, en una barbacoa, le preguntaba a un amigo que vive en Estados Unidos cómo era posible que los americanos votaran a Trump. Me contestó: «Porque se ven reflejados en él». Y algo de razón tiene. Trump se ha caído quinientas veces con sus empresas y ahí sigue. Levantándose. En un país donde, si te va mal, te buscas la vida. Si enfermas, pagas. Si no puedes pagar, te jodes. Y si no has conseguido ahorrar, a trabajar hasta que el cuerpo aguante. El sueño americano tiene esas cosas. Y si, además, tienes una enfermedad que no puedes permitirte pagar, pues puedes acabar enfermo, arruinado y empujando un carrito de supermercado, recogiendo latas para poder sobrevivir.






Lo patético es que aquí parece que estamos empeñados en importar el modelo. Pero con rojigualda.

Mucho patriotismo y patriota. Mucha España y mucho españolito. Mucho «todos a una», pero después, para los que viven debajo de la bandera, poca sanidad, ayudas sociales cada vez más cuestionadas, pensiones que preocupan y servicios públicos que se sostienen como pueden. Eso sí, para los toros sí hay dinero y para que los curas estén en los hospitales, también. Por supuesto, que no falte pasta para los referentes culturales como Soto, todo un poeta y gran punta de lanza en redes sociales.

La familia, por supuesto, es sagrada. Hasta que necesita ayuda. Entonces aparecen los sospechosos de siempre: el que cobra un subsidio, el del Ingreso Mínimo Vital, el que hace una chapuza para llegar a fin de mes. Cuatro casos se convierten en una legión de vagos que viven del Estado. Y mientras tanto, se anuncia que hay que quitar controles horarios y recortar subsidios.

Trabaja más. Controla menos. Cobra lo mismo. Un planazo.

Y todo esto en Andalucía. La Andalucía del patio de vecinos. La de compartir un plato de habichuelas cuando no había para todos. La de ayudarse porque mañana podías ser tú el que necesitara ayuda.

Quizá hemos cambiado el plato de habichuelas por la bandera. Y eso sí que es el progreso de Antonio Sanz y Moreno Bonilla.

Porque una patria no es una bandera. Una patria es la gente que vive debajo.

Y si esa gente no tiene sanidad, protección social, pensiones dignas o derechos laborales, podremos gritar «¡Viva España!» hasta quedarnos afónicos, pero acabaremos empujando el carrito de las latas. Eso sí, con la bandera bien alta.


lunes, 31 de agosto de 2026

La vara de acebuche

    El 2 de septiembre se celebra el Día de Ceuta, una fecha en la que se conmemora el nombramiento de Pedro de Meneses como primer gobernador de la ciudad, después de la conquista portuguesa de 1415. Según la tradición, cuando Juan I de Portugal le preguntó si sería capaz de defender Ceuta, Meneses respondió que le bastaría una vara de acebuche. Cinco siglos después, aquel símbolo vuelve a adquirir significado. aunque quizá convendría preguntarnos qué significa hoy defender Ceuta y, sobre todo, desde dónde y cómo queremos hacerlo.

    Ceuta no debería ser presentada exclusivamente como una frontera amenazada, sino como una ciudad con una historia, una identidad y una realidad humana propia. Es una ciudad mediterránea, africana y profundamente vinculada a Andalucía por el Estrecho, por la historia, por los intercambios humanos y culturales y por una geografía que nunca ha entendido demasiado de las fronteras políticas que después hemos trazado sobre los mapas. Desde cualquier balcón andalú, Ceuta no puede reducirse a un problema fronterizo ni convertirse en el escenario permanente de una batalla partidista. Es por ello, que resulta muy preocupante que una cuestión tan delicada como la llegada de personas migrantes se convierta, una vez más, en un instrumento de confrontación política. El Partido Popular ha decidido convocar y respaldar las concentraciones convocadas para el 2 de septiembre y utilizarlas como una oportunidad para responsabilizar al Gobierno, mientras desde algunos sectores se insiste en hablar de «invasión».

    El Gobierno ha cometido errores y debe responder por ellos, pero señalar esos errores no debería llevarnos a convertir a quienes llegan en el enemigo. Quienes aparecen al final de esta cadena de acontecimientos suelen ser, precisamente, quienes menos capacidad tienen para decidir sobre ella: personas que huyen de la pobreza, de la guerra o de la desesperación y que, en demasiadas ocasiones, terminan siendo utilizadas por quienes sí tienen poder.
 

    Ahí es donde deberíamos ampliar la mirada . Lo que sucede en Ceuta no puede comprenderse únicamente mirando hacia el otro lado del Estrecho, sino también mirando al Mediterráneo, a Gaza, a Irán, a Venezuela y a un escenario internacional en el que las grandes potencias vuelven a disputar recursos, territorios y áreas de influencia mientras Europa demuestra una preocupante incapacidad para construir una política exterior verdaderamente propia. Mientras nosotros discutimos sobre quién llega a Ceuta, otros deciden sobre petróleo, guerras, alianzas y estrategias geopolíticas, y demasiadas veces quienes terminan pagando las consecuencias son precisamente los que menos responsabilidad tienen.

Desde Andalucía deberíamos ser capaces de mirar este asunto de otra manera. El Estrecho no es solamente una línea que separa dos mundos, sino también un espacio que los conecta. Andalucía ha vivido históricamente mirando hacia el Mediterráneo y hacia el norte de África, y nuestra cultura, nuestra historia y nuestra identidad no pueden entenderse al margen de ese vínculo. Por eso desde el andalucismo no aceptamos que Ceuta se convierta en una simple pieza de la confrontación política nacional, ni que el sufrimiento de las personas migrantes sea utilizado como argumento electoral.

Necesitamos una mirada internacionalista que sea capaz de hablar de las causas y no solamente de las consecuencias; de las guerras, de la desigualdad, de los intereses económicos, de las responsabilidades de las grandes potencias y de una Europa que con demasiada frecuencia responde a los desplazamientos humanos preguntándose cómo impedir que lleguen, en lugar de preguntarse por qué millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares. No se trata de negar los problemas que existen en Ceuta ni las dificultades que tiene cualquier ciudad para gestionar una situación migratoria compleja. Se trata de no confundir la gestión de una realidad con la deshumanización de quienes la protagonizan.

Quizá por eso la vieja historia de la vara de acebuche pueda servirnos hoy para algo más que para recordar una fecha. Siendo un árbol humilde, típico de nuestra tierra y fuerte para sobrevivir en condiciones difíciles y adversas. Tal vez esa sea una metáfora mucho más útil que la de una vara para golpear: la de unas raíces que nos recuerden que Ceuta forma parte de ese Mediterráneo que une, que Andalucía no puede ser indiferente ante lo que sucede al otro lado del Estrecho y que la defensa de la dignidad de una ciudad no puede construirse sobre la deshumanización de quienes llegan a ella.

Y por eso, perdonadme, pero no voy a ir a la puerta del Ayuntamiento a participar en otra escenificación de la confrontación. Si alguna vez me veis allí, será con otra bandera. Con una bandera andaluza  y con las mismas reivindicaciones que deberían ocupar nuestras plazas y nuestros ayuntamientos: vivienda para la gente de aquí, empleo digno, más solidaridad, menos turistificación, más sanidad pública, más educación pública y más derechos para quienes viven y trabajan en nuestros barrios. Será para reclamar una administración que esté al servicio de la gente y no para aceptar recortes, desigualdades y políticas que terminan expulsando a quienes no pueden pagar la ciudad que otros quieren construir. Y será, también, para decirle al Ayuntamiento, a la Junta de Andalucía y a quienes gobiernan desde el Partido Popular y Vox que Andalucía no necesita más confrontación ni más enemigos: necesita derechos, servicios públicos, dignidad y un futuro que no se venda al mejor postor.

El 2 de septiembre, yo seguiré prefiriendo otra bandera. La de una Andalucía que no necesita señalar al que llega para defender al que está, porque sabe que los derechos no se defienden quitándoselos a otros. Una Andalucía que mira al Mediterráneo sin miedo, que entiende que Ceuta no es solamente una frontera sino también una parte de nuestra historia y que sabe que, en estos tiempos de guerras, desigualdades e intereses de grandes potencias, mantenerse en pie significa no renunciar a la dignidad, a la solidaridad y a los derechos de todos.