
Con suma precisión adivino que esta frase, con la que titulo este artículo, será la que más se escuche en las casetas a lo largo de este último día de feria. Atrás quedan los rebujitos; las medias botellas; el marisquito de CC. OO.; la caseta del Chicharito; los pre-pregones y el pregón; los farolillos; el paseo a caballo, para el que lo tenga; el albero, que se ha bebido, fumado y comido todo aquello que nuestros organismos eran incapaces de tolerar; “El Polvorón” cantando y bailando su nuevo repertorio –este año por Tamara-; las mismas sevillanas de todos los años, porque las nuevas de las Carlotas y de Ecos del Rocío, que son muy bonitas, no hay quien las baile con tres copitas…
Cinco días de feria, pero hoy, el último día, como la vida misma, vamos al infierno. Ya sea porque el niño no aguanta más estar en la caseta y quiere que lo lleves a montar en los cacharritos o bien porque el amor de tu vida quiere la “chochona” de turno, hay que ir al infierno.
Para muchos, el último día es el del balance. Para todos fue impresionante e inmejorable. Para muchos adolescentes fue “la caña” porque consiguieron arrancar el achuchón de los pibones que los/as traían locos/as todos los sábados del invierno, para muchos otros, mayores y adolescentes, colocón insuperable y resaca acumulada, que recaerá en el inexistente y, a la vez, aprovechado “martes de resaca”; para los caseteros: “mi caseta fue la mejón”, las cajas fueron de bandera; para los currantes igual, me hartao de currar y lo que gané, en la caseta de al lado lo dejé. Como cada año, la feria fue magnífica, como se esperaba.
Además en feria, como diría Manuel Summers, “To er mundo es bueno”. Aparece gente que hacía años que no se veía, y encima te saludan. Tomamos vinitos con los compañeros de trabajo, incluido con el trepa que no traga nadie, unos pimientos fritos con el jefe, al que tampoco traga nadie, y hasta los enemigos íntimos se saludan como si los rencores hubieran desaparecido. Bueno, si trabajas en una caseta entonces ya… ¡para qué contar!, nos creemos que somos el alcalde de El Puerto –mejor, no-, todo el mundo se acuerda de ti.
Otro año más, otra feria más. Los cinco días han pasado volando y todavía nos queda aprovechar los tickets de las medias botellas de fino que adquirimos los días previos y, para colocar la guinda, en el camino nos encontraremos, por supuesto, a ese amigo de última hora y nos tomaremos “la penúltima”.
El lunes es el día que solo quedan los de El Puerto. Una gran mentira porque, para empezar, los portuenses no se han perdido ni un sólo día de la fiesta y los que vienen de los alrededores, si pueden, estarán aquí. Es el día en el que las cabezas comienzan a ubicarse en su sitio y comenzamos a recordar los problemas del trabajo, los líos políticos, los procesos judiciales y un largo etcétera de cuestiones municipales, aunque los desvaríos ideológico-políticos son de órdago. De hecho, en estos momentos lo único que se me ocurre, copita de fino en mano, es si el encargado de la caseta de Independientes Portuenses solicitó la correspondiente licencia para colocar los dos ventanales de la fachada. ¿Nos suena de algo?
Suplemento Feria de Primavera y del vino Fino
Díario de Cádiz
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