
El 19 de abril de 1882 murió Charles Darwin, científico que sentó las bases de la biología evolutiva moderna (El Origen de las especies por selección natural). En este aniversario podríamos disertar sobre el hábitat portuense haciendo hincapié en camaleones, pinos, arboledas perdidas, Guadaletes contaminados, lisas mojoneras, pero delegaremos, como siempre, en los verde-deros líderes de la oposición.
Su obra, como la de la mayoría de los científicos o pensadores, fue discutida, sobre todo por los religiosos de la época, ya que echaba por tierra la teoría creacionista y movía al ser humano del centro de la Creación. Si hubiera vivido en nuestro tiempo y hubiera venido a nuestra localidad, se habría ahorrado sufrir las severidades (continuos mareos, náuseas, enfermedades) de la expedición que realizó alrededor del mundo en el buque inglés "HMS Beagle" durante 5 años y habría llegado a las mismas conclusiones en los primeros días de estancia.
En primer lugar, hubiera demostrado que las especies no tienen una existencia fija, de hecho, los delfines han ido desapareciendo a lo largo de los últimos dieciséis años de historia portuense. En la memoria nos quedan aquellos delfines amarillos y verdes que aparecieron allá por el año noventa y uno del pasado siglo. En segundo lugar, hubiera puesto de manifiesto otra premisa importante en su teoría evolucionista, y es que la vida se presenta como una lucha constante por la existencia, lo que nos lleva a contrastar su tercera hipótesis, es decir, que la lucha por la supervivencia hace que los organismos que no se adaptan al medio natural desaparezcan y los mejores adaptados se mantengan y se reproduzcan. En otras palabras, el oso de la aldea se adaptó al medio y a su imagen y semejanza se han mantenido sus ositos y ositas a base de garrotazos y ladrillazos, y todo ello, siendo fieles al rey de la selva, que no es león sino oso.
La cuestión en sí supuso una revolución en el orden científico, pero aún así, hoy día hubiera llegado más lejos. Su teoría se vería ampliada, puesto que las especies de este momento tienen espíritu camaleónico. Lo que antes era un delfín amarillo y verde se convierte en gaviota azul, aunque el color es lo de menos porque, igual, del azul cambia al naranja, y con tanta metamorfosis ni siquiera termina siendo gaviota, pero se mantendrá vivo, porque la imagen la habrá modificado, o pretenden hacernos ver que ha modificado. La idea es clara, el último delfín bonachón y, según algunos, sin poder desaparece, creyendo eludir sus responsabilidades en los famosos garrotazos que ha sufrido la aldea sobre el medio natural y el patrimonio histórico-cultural portuense, su parcelita. Y aunque no venga a cuento solo me queda decir que “La libertad supone responsabilidad, por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto”(Shaw)
Su obra, como la de la mayoría de los científicos o pensadores, fue discutida, sobre todo por los religiosos de la época, ya que echaba por tierra la teoría creacionista y movía al ser humano del centro de la Creación. Si hubiera vivido en nuestro tiempo y hubiera venido a nuestra localidad, se habría ahorrado sufrir las severidades (continuos mareos, náuseas, enfermedades) de la expedición que realizó alrededor del mundo en el buque inglés "HMS Beagle" durante 5 años y habría llegado a las mismas conclusiones en los primeros días de estancia.
En primer lugar, hubiera demostrado que las especies no tienen una existencia fija, de hecho, los delfines han ido desapareciendo a lo largo de los últimos dieciséis años de historia portuense. En la memoria nos quedan aquellos delfines amarillos y verdes que aparecieron allá por el año noventa y uno del pasado siglo. En segundo lugar, hubiera puesto de manifiesto otra premisa importante en su teoría evolucionista, y es que la vida se presenta como una lucha constante por la existencia, lo que nos lleva a contrastar su tercera hipótesis, es decir, que la lucha por la supervivencia hace que los organismos que no se adaptan al medio natural desaparezcan y los mejores adaptados se mantengan y se reproduzcan. En otras palabras, el oso de la aldea se adaptó al medio y a su imagen y semejanza se han mantenido sus ositos y ositas a base de garrotazos y ladrillazos, y todo ello, siendo fieles al rey de la selva, que no es león sino oso.
La cuestión en sí supuso una revolución en el orden científico, pero aún así, hoy día hubiera llegado más lejos. Su teoría se vería ampliada, puesto que las especies de este momento tienen espíritu camaleónico. Lo que antes era un delfín amarillo y verde se convierte en gaviota azul, aunque el color es lo de menos porque, igual, del azul cambia al naranja, y con tanta metamorfosis ni siquiera termina siendo gaviota, pero se mantendrá vivo, porque la imagen la habrá modificado, o pretenden hacernos ver que ha modificado. La idea es clara, el último delfín bonachón y, según algunos, sin poder desaparece, creyendo eludir sus responsabilidades en los famosos garrotazos que ha sufrido la aldea sobre el medio natural y el patrimonio histórico-cultural portuense, su parcelita. Y aunque no venga a cuento solo me queda decir que “La libertad supone responsabilidad, por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto”(Shaw)
Calle Sol
Diario de Cádiz
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