
Al hilo de lo que escribía mi buen amigo Luís Ortega el día de Andalucía, la definición de andaluz es algo que no lo tiene claro nadie. Ni los políticos, tras veinticinco años de Estatuto y de autogobierno, ni los propios andaluces. Cuando pensamos en Andalucía, lo primero que se nos viene a la mente son las fiestas (ferias, Rocío, Cruces de mayo, Carnaval, Semana Santa, etc.), incluso estando en desacuerdo con los típicos tópicos, es algo que está presente.
La cultura es algo más y se conforma a partir del conocimiento, las creencias, el arte, la moral y la ética, las leyes, las costumbres y las capacidades adquiridas por los miembros de una sociedad, todo ello integrando y conformando un sistema de ideas, modos de vida, valores, actitudes, etc. Este debate, para algunos, absurdo, viene a raíz de la situación creada por la reforma de los Estatutos de Autonomía, la celebración del 28-F y la medalla ¿meritoria? de la duquesa de Alba. Bien es cierto, que la “indeterminación” del ser andaluz es una sensación real que queda en entredicho con esa definición de cultura que se puede encontrar en cualquier manual de sociología. Pero como digo, la realidad es una losa que hace que aquí no se mueva ni el más inquieto. Y si no que se mueva, que seguro que no sale en la foto por muy democrática que sea la cámara con la que se haga.
En la definición de nación, palabra tan de moda últimamente, sobresalen dos conceptos: “cultura distintiva” e “historia común”. A partir de aquí, entendemos la intención de los políticos catalanes cuando promueven la distinción cultural –lengua- y las instituciones que investigan y conservan la historia de su pueblo.
Olvidando todo lo anteriormente citado y recurriendo, de un plumazo, a nuestro entorno, vemos cada día el demagógico recurso de aludir aquel pasado glorioso (“volver a ser lo que fuimos”). De hecho, en El Puerto, pocas cosas recuerdan aquello que un día fuimos. Poco queda de aquel pasado vitivinícola; nada de la pesca que tuvo tanta gloria no sólo en el último tercio del s. XX, si no en otras épocas anteriores (bous de los s. XVIII y XIX, la pesca en Marruecos en el S. XIV y XV, etc.); nada de las salinas; poco respeto por el pasado tartésico, fenicio y romano; del pasado musulmán ni hablar, que hoy día no está de moda (los moros ponen bombas y saltan las rejas para venir a Europa).
En resumidas cuentas, triste fue este día de Andalucía, con las abuelitas del centro preguntando por qué están cerrados los comercios, demasiado oficialista la celebración de este día en los colegios –banderitas e himno incluido-, y vergonzoso si el recurso al desarraigo patriótico andaluz y al caciquismo sufrido consiste en emborracharnos para celebrar que estamos vivos.
La cultura es algo más y se conforma a partir del conocimiento, las creencias, el arte, la moral y la ética, las leyes, las costumbres y las capacidades adquiridas por los miembros de una sociedad, todo ello integrando y conformando un sistema de ideas, modos de vida, valores, actitudes, etc. Este debate, para algunos, absurdo, viene a raíz de la situación creada por la reforma de los Estatutos de Autonomía, la celebración del 28-F y la medalla ¿meritoria? de la duquesa de Alba. Bien es cierto, que la “indeterminación” del ser andaluz es una sensación real que queda en entredicho con esa definición de cultura que se puede encontrar en cualquier manual de sociología. Pero como digo, la realidad es una losa que hace que aquí no se mueva ni el más inquieto. Y si no que se mueva, que seguro que no sale en la foto por muy democrática que sea la cámara con la que se haga.
En la definición de nación, palabra tan de moda últimamente, sobresalen dos conceptos: “cultura distintiva” e “historia común”. A partir de aquí, entendemos la intención de los políticos catalanes cuando promueven la distinción cultural –lengua- y las instituciones que investigan y conservan la historia de su pueblo.
Olvidando todo lo anteriormente citado y recurriendo, de un plumazo, a nuestro entorno, vemos cada día el demagógico recurso de aludir aquel pasado glorioso (“volver a ser lo que fuimos”). De hecho, en El Puerto, pocas cosas recuerdan aquello que un día fuimos. Poco queda de aquel pasado vitivinícola; nada de la pesca que tuvo tanta gloria no sólo en el último tercio del s. XX, si no en otras épocas anteriores (bous de los s. XVIII y XIX, la pesca en Marruecos en el S. XIV y XV, etc.); nada de las salinas; poco respeto por el pasado tartésico, fenicio y romano; del pasado musulmán ni hablar, que hoy día no está de moda (los moros ponen bombas y saltan las rejas para venir a Europa).
En resumidas cuentas, triste fue este día de Andalucía, con las abuelitas del centro preguntando por qué están cerrados los comercios, demasiado oficialista la celebración de este día en los colegios –banderitas e himno incluido-, y vergonzoso si el recurso al desarraigo patriótico andaluz y al caciquismo sufrido consiste en emborracharnos para celebrar que estamos vivos.
Calle Sol
Diario de Cádiz
1 comentario:
buenas...es grato encontrar un portuense por la blogosfera, la verdad q aunq sea de vista de algo te conozco, bueno comentarte que el blog es interesante, sobre todo para los de la zona, pero q ai una mezcla de colores q hace q no se puede leer bien, por lo demás estupendo
interaré seguir leyendo
http://kotecinho.blogspot.com/
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