jueves, 5 de febrero de 2009

¡Y a mí que coño me importa!

Está claro que estamos inmersos en la Era de la Comunicación, no hay duda. La Era de la Comunicación conlleva, de forma flagrante, que la cantidad de información sea abundante y la rapidez de transmisión de la misma sea muy eficaz, lo cual lleva implícita, desgraciadamente, una manipulación grave añadida.
Desde luego la manipulación no es el único hecho desgraciado, también constituye una aberración la desinformación existente. Algunos entendidos lo denominan, o más bien lo vinculan, al analfabetismo funcional. Lo que quiere decir, que existe la formación y se poseen los medios pero ninguna se maneja correctamente, aunque, lo más correcto sería decir que no se utilizan.
Entre los medios que se cuentan para difundir el conocimiento y la información se encuentran Internet, radio, televisión, prensa escrita, bibliografía. Todo ello en abundancia. Pero, ¿cómo se utiliza la información publicada?, ¿Cómo es interpretada? Durante la campaña electoral de Estados Unidos, hemos sido testigos de una avalancha de información que nos desbordaba. Y una vez que Obama fue elegido presidente más de lo mismo. Daba igual el medio de comunicación, ahí estaba el chico de color que ha hecho historia. Hasta el punto que en las colas del mercado, de las taquillas del teatro o en la sala de espera del Servicio Andaluz de Empleo las conversaciones tenían como protagonistas a Obama. Conversaciones graciosas en las que alguno llegó a expresar su intención de voto, o que el recién estrenado presidente de Estados Unidos solucionaría los problemas generados por la crisis. ¿Desinformación o manipulación? Evidentemente, la información está ahí, al alcance de cualquiera, y la interpretación que se puede hacer es variada. En el estado español, hoy día, de cualquier asunto existen dos interpretaciones o se pueden contemplar dos variables o puntos de vista, fruto del bipartidismo político. Sin embargo, en el ejemplo que nos ocupa, el de Obama, lo hemos tenido tan presente en nuestros hogares que para alguno es casi de la familia o cuanto menos el salvador del mundo.
A pesar de todo y, concretamente, de este debate que ya comenzó cuando estudiaba la EGB, el escepticismo sigue estando patente y en esas colas siempre hay alguien que añade un poco de luz a las discusiones que se generan ante asuntos como el de Obama. De forma específica, recuerdo a una anciana que manifestó, mientras pagaba al carnicero la compra que había realizado, “¡Y a mí que coño me importa!, ¿va a pagar Obama la ternera que acabo de comprar?”
Esto demuestra que en la mayoría de las ocasiones no hay dos variables sino por lo menos tres. En este caso que planteo, no solo existen la manipulación y la desinformación, también están aquellos a los que les da igual porque tienen preocupaciones más importantes y que van más allá del “folclore” charlatán.

Joaquín A. Bellido Ganaza
5 de Febrero de 2009
Fotografía: http://delantedelcodo.blogspot.com/ nombre del blog:Pescao, boquerones y calamares.

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