Este tiempo apacible invita a los paseos largos en tardes, al fin soleadas. Algunas flores van preparando la avanzadilla de una invasión, explosión de vida y colorido, y el campo se despereza con las entrañas repletas de ocultos arroyos, cristalinos y cantarines.
Como las flores en el campo, el carnaval, en las calles, anuncia el final del invierno en esta esquinita del mundo, topándose de bruces con el despertar de las pasiones, con el dolor enmascarado y el alma engolfada.
Que si bien la sangre se nos altera, nunca está de más que lo cotidiano, la rutina, la desidia y el moho del largo invierno, se diluyan en mistela, mientras el corazón se acompasa al calorcito de un buen trago.
Así otra vez aquí, intentaremos que todo se nos olvide con una risa franca y despejada. Aquí, donde viendo este panorama me río por no llorar. Donde se nos critica por el acento desde la ignorancia. Donde sabemos que han venido, a llevárselo. Donde nadie se puede ir de casa, y muy pocos de caza. Donde las medias verdades se hicieron mentiras enteras. Aquí donde para construir un futuro dejamos atrás nuestro pasado, porque los que hoy deben pensar en el futuro se llenan los bolsillos, como lo hacían antes. Aquí, donde ya no se vende ni humo, porque hasta el fuego se quieren ahorrar. Aquí donde todo nos suena a engaño de cuatrienio. Aquí donde ya no quedan árboles caídos porque se ha hecho todo leña. Aquí, medio en serio medio en broma, medio al sol medio a la sombra, nos cantamos cuatro coplas, nos sorbemos la hiel, y tiramos para adelante.
Echándole arte. Ay qué ca/sualidá, ahora una crisi mundiá/la gente no respeta ni ques tamo en carnaval. Rián, rián, riaaaaaaán.
Luis OrtegaVía libre
Noticias Locales
(21-02-09)
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