lunes, 5 de noviembre de 2007

Otro peganiñas


Muchas son las columnas y las noticias que hemos podido leer sobre la fantástica y terrorífica noche de Halloween. La fiesta, que viene celebrándose año tras año, sigo sin entenderla, por mucho que se defienda en términos de aculturación. Con el lío que se monta en este país con las cuestiones vinculadas a la pluralidad cultural, lo que faltaba ahora era que además nos sintiéramos anglosajones, además de españoles, andaluces, gaditanos y portuenses. El orden da igual. Está claro que comercialmente puede interesar esta festividad, ya que desde el verano hasta navidad hay pocos “cachondeos” y saraos que celebrar, de hecho la tradición de “Tosantos” con esas visitas a los cementerios, es demasiado seria. Aquí siempre gustó mucho un disfraz pero se ha cambiado la fecha, ya no es febrerillo el loco sino la primera madrugada de noviembre. ¿Triste? No lo sé, pero ver a los chiquillos y alguno no tan chiquillo con un tipo tan poco chirigotero, llámese zombi, bruja, etc. es, por lo menos, asombroso, entre otras cosas porque no tienen ni idea de lo que significa.
Lo que si es triste es leer las noticias al día siguiente. Destrozos del mobiliario urbano, vandalismo, la colocación en plena madrugada por unos desconocidos de una hilera de carros metálicos del supermercado Supersol en mitad de la Avenida de la Libertad, lanzamiento de huevos y lo peor que a una niña de 13 años le lanzaran un globo lleno de sustancias corrosivas por la espalda. Si el peganiñas del metro de Barcelona fue el protagonista más lamentable de la actualidad televisiva este hecho es sin duda el hito más deleznable de la noche de Hallowen portuense.
Si de esta forma vamos a importar influencias culturales de la odisea imperial anglosajona, prefiero que me llamen “viejo” y anticuado, porque preferiré una y mil veces sentarme en el sofá con unas velitas que recuerden a los que ya no están con nosotros en el mundo terrenal, leer el Tenorio y coger un empacho de castañas y nueces.


Media Etiqueta. Noticias locales. 3 de noviembre de 2007.

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